Raúl Fernández Cobos: “Ha sido Marte quien ha elegido el poemario”

Entrevista a Raúl Fernández Cobos, autor del poemario Areografía

Fotografía de Diego Herranz.

Con 31 años ya tiene a sus espaldas dos premios literarios, dos carreras y un doctorado. El cosmólogo asturiano ha fusionado en un libro ciencia ficción y poesía. El resultado se llama “Areografía”.

La culpa de todo la tiene un libro de geología para niños. Le hizo despertar el apetito por la ciencia y la literatura, volviéndose tan grande que con ocho años necesitó dejar volar su imaginación y a unos alienígenas desde Plutón que querian invadir el planeta Tierra. Este primer relato todavía lo guarda en las páginas de un cuaderno.

Raúl Fernández Cobos creció en Mieres (Asturias), y crecieron también el hambre de conocimiento y de libros junto con su fantasía. Siguió plasmando sus historias por escrito. Su interés por lo relativo a la naturaleza y a la cultura le llevó a estudiar primero Física en la Universidad de Oviedo y después Antropología Social y Cultural en la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Comenzó a experimentar también con la poesía. Y el fruto maduro cayó del árbol. En Santander, recibió en 2011 el Premio José Hierro de relato breve por “El faro”, y en 2014 el áccesit en poesía por “La noche en que murió Charly”. Ese mismo año se doctoró en la Universidad de Cantabria con una tesis sobre el asimétrico eco del Big Bang.

Pero aún le apremiaba una sed inexpresable por bucear en sus propias emociones, por romper con las reglas de la gravedad que atan al suelo y no permiten saltar lejos, por dejar caer frutos maduros con un suave planeo. Y así empezó en 2012 a escribir Areografía. El poemario, publicado en diciembre del 2016 en la editorial I filo SOFÍA, es el resultado de una observación astronómica interna.

PREGUNTA ¿Cuáles fueron tus primeras conexiones con la poesía? ¿Qué autores y libros te han marcado, inspirado e impulsado a comenzar a escribirla?

RESPUESTA. Desde siempre, la poesía me ha parecido un género difícil; al principio, lidié con algunas lecturas frustradas, probablemente debido a que adoptaba el enfoque equivocado: el de leer poemarios como si fueran novelas. Mis primeros acercamientos a la poesía fueron tardíos y propiciados por recomendaciones, entre las que se encuentran Luis Alberto de Cuenca, Luis García Montero o José Hierro.

P. Has dicho que a través de la poesía puedes expresar lo que no es posible mediante la prosa. Sin embargo, tu relato "El faro" roza el lirismo. ¿Cuál es la diferencia para ti más destacable entre ambas formas de expresión?

R. A la hora de escribir en prosa o en verso tienes que adaptar tu manera de pensar. La prosa generalmente ha de responder a un esquema mucho más ordenado, su finalidad es contar algo, así que el argumento ha de estar más definido. La poesía, por otro lado (y con excepciones), se sirve más de las imágenes, intenta suscitar emociones en un formato más breve.

P. Y la manera en la que la escribes resulta muy original. ¿Podrías describir cómo es el instante en el que te surge una idea? ¿Tienes alguna especie de ritual para plasmarla?

R. No especialmente. A veces rondo un concepto unos días y acabo escribiendo un poema. En el caso de “Areografía”, la metáfora de Marte me proporcionó una especie de coherencia entre unos y otros, es una idea recursiva.

P. ¿Siempre escribes los poemas impulsado por darle cuerpo a un concepto, o también hay veces en las que anotas cada palabra sin saber cuál viene a continuación?

R. Siempre partiendo de un concepto, lo que ocurre es que a veces lo que escribes se te rebela y se acaba convirtiendo en algo distinto.

P. ¿Por qué has elegido Marte, y no otro lugar, como el escenario para tu poemario “Areografía”?

Casi diría que la pregunta debería ser planteada al revés. En cierto modo, ha sido Marte quien ha elegido el poemario. En “Areografía” se utiliza la metáfora marciana para albergar un paisaje mental que se ha ido formando dentro de mí mucho antes de que se me ocurriera siquiera escribir poesía. Todo empezó con ciertas lecturas de ciencia ficción ambientadas en el planeta rojo. Especialmente “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury y la Trilogía de Marte de Kim Stanley Robinson. Ambas ofrecían una visión de Marte cargada de lirismo. Y poco a poco, ese contexto se fue independizando hasta alcanzar el estatus de totalidad: el planeta se fue convirtiendo en un escenario mental donde refugiarme cuando las cosas van mal, donde dejar todo aquello que he perdido en el camino, donde almacenar mi nostalgia. Durante un tiempo escribí en un blog (pese a llamarse “Soñando con Marte”) sobre impresiones y experiencias personales de todo tipo que nada tenían que ver con marcianos. Con ese espíritu nació “Areografía”. Cuando me incliné por escribir poesía, Marte se me propuso como metáfora natural, de la misma forma que otros han usado el mar o los campos de Castilla para fines análogos.

"Areografía", poemario marciano de Raúl Fernández Cobos. Poema "Aulario de termodinámica"

P. ¿Qué zona de Marte elegirías para hacer un recital de “Areografía” y por qué?

R. Pavonis Mons. A Kim Stanley Robinson le pareció buen sitio para albergar la capital marciana.

P. Otro género que amas y que influye en la temática de tus poemas es la ciencia ficción. En “Areografía” no te olvidas de lanzar guiños a autores como Ray Bradbury, Kim Stanley Robinson y a Felipe Colorado. La ciencia ha servido de inspiración a muchos novelistas; ¿crees que hay, sin embargo, pocos poetas que se inspiran en la ciencia?

R. La poesía habla de emociones humanas y tal vez para algunos sean otros contextos los más adecuados, o más accesibles de cara al gran público, para acercarse a las emociones desde un punto de vista lírico. Pero de ningún modo faltan alusiones científicas, o tecnológicas, en la poesía. Ahí tenemos, por citar los que se me vienen de golpe a la cabeza, ejemplos como la poesía de David Jou, o las “35 bujías” de Pedro Salinas (quien además es autor de “La bomba increíble”, una novela de ciencia ficción), el “Soneto del amor atómico” de Luis Alberto de Cuenca, “Canciones para Altair” (último poemario de Rafael Alberti) o los poemas sobre ciencia de Andrés Neuman. También Ray Bradbury tiene poesía que podría calificarse de ciencia ficción. Cuando buscas, encuentras muchísimos autores que se inspiran en ciencia.

P. Desde tu perspectiva como escritor y científico, ¿ves similitudes entre el lenguaje poético y el de la física?

R. Aunque se suele hablar de poética en la descripción de la naturaleza, me temo que la analogía no va más allá. En física las descripciones de los objetos se proporcionan en lenguaje matemático, y la experiencia personal nos puede dar una idea de lo diferentes que son ambos lenguajes, el poético y el matemático, más allá de experimentos como la llamada literatura potencial.

P. En “Areografía” haces referencia a un potencial futuro en el planeta rojo y predices el fracaso. ¿Qué valores consideras que deberían promoverse e inculcarse en las siguientes generaciones?

R. Esta pregunta es demasiado compleja y general como para responderla a la ligera. Si tengo que mencionar algo, desde el punto de vista de “Areografía”, aunque se trate de una perspectiva parcial y sesgada, diría que deberíamos hacer hincapié en el valor del conocimiento en sí mismo. Es la mejor baza que tenemos para construir una sociedad consciente y crítica. Pero, por supuesto, no es el único valor necesario.

P. Cuéntanos cuál es tu utopía personal y qué la convierte en utopía.

R. Por pedir, un mundo en que las personas no mueran de hambre y no se maten entre ellas. Por pedir…